lunes, 12 de marzo de 2012

Nosotros, cachorros tigres

Cuando nos decidimos a educar a nuestra pequeña en casa, hubo un momento en el que me sentí mala mamá... no sabía si realmente hacíamos lo correcto, ni si seriamos capaces de entregar todo lo ella necesitaba. En aquellos días mi marido asumía un rol de gran responsabilidad en su trabajo, Helena estaba a la mitad de 1º básico y yo me encontraba terminando el último semestre de mi carrera y al mismo tiempo hacía mi práctica profesional en LAN.


No sé cuándo, ni cómo exactamente fue que terminamos conversando con mi marido en Ahumada, comiendo unos de esos sándwich de carne mechada  tan ricos que hacen en Dominó, sobre la libertad y la infancia. Ambos amantes de el humanismo, las ciencias y espiritualidad escudriñábamos el Sistema Educacional en Chile, todo esto a raíz de las miles de protestas estudiantiles y el complejo escenario del que nosotros también eramos actores  partícipes...  



Entre dimes y diretes coincidimos en algo que nos parecía primordial... el Amor. Nuestra familia esta cimentada en el hecho de que si bien somos seres que gozan de su individualidad, nos encanta estar unidos, es lo que nos hace más fuertes y alimenta nuestro espíritu.


Yo no quiero una hija de molde que deba cambiar para encajar en una sociedad que teme a lo distinto... no quiero que trasgredan sus talentos, su creatividad ni su esencia... porque ella es perfecta en sí misma. Yo quiero una hija que dude, que pregunte, que este libre de prejuicios, que elija su religión... que sueñe. Porque esa niña que hoy tiene 7 añitos algún día será una mujer LIBRE que marcará la diferencia en un mundo que necesita CAMBIOS.


Hoy nos enfrentamos a lo desconocido y la verdad no sé si lo lograremos... pero de lo que si estoy completamente segura, es que en cada paso de mi pequeña, también estamos nosotros... como siempre.