No sé cuándo, ni cómo exactamente fue que terminamos conversando con mi marido en Ahumada, comiendo unos de esos sándwich de carne mechada tan ricos que hacen en Dominó, sobre la libertad y la infancia. Ambos amantes de el humanismo, las ciencias y espiritualidad escudriñábamos el Sistema Educacional en Chile, todo esto a raíz de las miles de protestas estudiantiles y el complejo escenario del que nosotros también eramos actores partícipes...
Yo no quiero una hija de molde que deba cambiar para encajar en una sociedad que teme a lo distinto... no quiero que trasgredan sus talentos, su creatividad ni su esencia... porque ella es perfecta en sí misma. Yo quiero una hija que dude, que pregunte, que este libre de prejuicios, que elija su religión... que sueñe. Porque esa niña que hoy tiene 7 añitos algún día será una mujer LIBRE que marcará la diferencia en un mundo que necesita CAMBIOS.
Hoy nos enfrentamos a lo desconocido y la verdad no sé si lo lograremos... pero de lo que si estoy completamente segura, es que en cada paso de mi pequeña, también estamos nosotros... como siempre.

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